SXP2011: Bruce McClure
23 Mar 10
The rapture (Arrebato) was that temporal abstraction of the lived space. “How much time could you spend looking at it? […] you were in ecstasy, carried away”. At Sonic Acts lectures there were several speakers who stated that our perception of space is based mainly in our measure of time. We could use as an example the film The Powers of Ten by Charles y Ray Eames.
The rapture (Arrebato) is a good term for describing the immersion in a performance by Bruce McClure. When the eyes get dry and the ears hurt the public is still vampirized in front of that analogue fantasy. The analogue devices are the base of an extreme synaesthesia in which the sound of the manipulated projectors is transformed in noise using distortion pedals, in a long and overwhelming climax. The 16mm projector is used as a creative tool that transforms the lights and shadows in sound. The film is an excuse for a live performance in which the film-maker is among the public. The reproducibility of cinema exchanges itself for the immediacy and the ephemeral of sound. In comparison to some pieces (sculptures or installations) which try to visualize the sound, the projector performances by McClure make the image audible.
The sound, the noise, is transformed with regard to the understanding and knowledge of the image, destroying, consciously or not, a tradition in which the image, through the writing or its other artistic disciplines, tended to set the meaning of sound and music.
Obviously, this approach to the audiovisual, this producer role among the public and this concern about the people’s experience, transform McClure’s work in an immersive process that takes place in a common time and space to the maker and the receptor, breaking the dynamics of film exhibition and the role of the director as an author detached from his public. In fact, McClure does not need to shoot anything for his projector performances, because the emulsion of the frames also produces sound.
SCOPE: Perhaps second only to “immersive,” the adjective most used to describe your work is “intense.” No doubt any sustained flicker is intense, but the high decibel sound that you create can be extremely intimidating. Very visceral. Have you seen extreme reactions to your work?
McCLURE: Extreme reactions…how could I call them extreme? Reactions are many. Usually the suffering party is out of the room before I have any awareness. Somehow people endure the diesel siren and rotary flash of the fire truck. They put their fingers in their ears. Others travel on errands with earplugs or add another blanket with smorgasbord music. I have tried binoculars, monocular, and waving my fingers in front of my eyes at speeds approximating the flicker of the projector shutter. It’s all torture, whether you elect to participate or are involuntarily subjected to it. To me, it’s an experience of nature like a rainy day or being overwhelmed by vertigo in an assault of snow blindness.
El Arrebato era aquella abstracción temporal del espacio vivido. “¿Cuanto tiempo podías pasar mirando? […] estabas en pleno éxtasis, arrebatado”. Durante las conferencias del Sonic Acts XIII, más de un ponente expuso que nuestra percepción del espacio se basa en gran medida en nuestra medida del tiempo. Sirva como anécdota explicativa la película The Powers of Ten de Charles y Ray Eames.
Hay pocas expresiones más acertadas que el Arrebato para describir la inmersión en una actuación de Bruce McClure. Cuando los ojos se resecan y los oídos comienzan a doler, el espectador sigue vampirizado frente a esa fantasía analógica. Así lo analógico se presenta como base de una sinestesia extrema, donde el sonido de sus proyectores manipulados es transformado en ruido por medio de pedales de distorsión, en un clímax largo e inaprensible. El proyector de 16mm se hace herramienta creativa para hacer audible la luz y la sombra, mientras que la película usada se convierte en excusa de una actuación en directo, en la que el cineasta se sitúa entre el público. Así el elemento de reproductibilidad del cine se intercambia por lo inmediato y efímero del medio sonoro y en oposición a algunas manifestaciones que tratan de visualizar el sonido (esculturas o instalaciones) las proyector performances de McClure hacen audible la imagen.
En este sentido el sonido, el ruido, se transforma en medio de comprensión y conocimiento de la imagen, destruyendo, queriendo o sin querer, una tradición en la que la imagen, mediante la escritura o sus otros modos de arte, tendía a fijar el sentido del sonido y la música.
Evidentemente, este modo de usar lo audiovisual, esta posición de productor entre el público y esta preocupación por la experiencia de la gente, hacen de la obra de McClure un proceso inmersivo desarrollado en un espacio y un tiempo común al realizador y el receptor, rompiendo también la dinámica de exhibición cinematográfica y el papel del director como creador separado de su público. De hecho, McClure ni siquiera necesita rodar para realizar sus projector performances, porque aquellos fotogramas emulsionados producen también sonido.
SCOPE: Quizás después de ‘inmersivo’ el adjetivo más usado para describir tu trabajo es ‘intenso’. Cualquier parpadeo de luz sostenido es intenso, pero el volumen del sonido que creas puede ser extremadamente intimidatorio. Muy visceral. ¿Has visto alguna vez reacciones extremas a tus piezas?
McCLURE: Reacciones extremas… No sé si podría llamarlas extremas, pero he visto muchas reacciones. Normalmente los espectadores que sufren abandonan la sala antes de que me dé cuenta. La gente soporta las sirenas y los flashes circulares de los camiones de bomberos como puede. Hay personas que se tapan las orejas, otros van con tapones y otros añaden una capa de música. Yo he probado a usar binoculares y monoculares, a mover los dedos delante de los ojos a la misma velocidad que parpadea el obturador del proyector. Todo es una tortura, tanto si decides participar como si lo haces de manera involuntaria. Yo creo que es una experiencia de la naturaleza, como un día lluvioso o un ataque de vértigo al sufrir una ceguera pasajera por culpa del resplandor de la nieve.

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