El creciente Interés y el Cuarto Menguante

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Hace cuatro años andaba por ahí grabando todo con una cámara de bastante mala calidad y con un formato que no dejaba convertir ni montar nada. Una actualización de un editor de video me ha llevado a recuperar algunas cosas de mi archivo personal. Una de ellas es la documentación de esta perfomance de David Gómez / Krapoola, de lo mejor, como de costumbre.

El triunfo de César. El Cornu

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Discípulo de de Charles Le Brun El triunfo de César Finales del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 49 cm x 64 cm. Colección Real. Museo del Prado

Cortejo triunfal del emperador acompañado de prisionerosy soldados. A la derecha de la composición, un dúo de músicos militares tañen instrumentos idénticos, trompas naturales curvadas con la campana rematada en cabeza de animal, dragón o serpiente, según la tipología del antiguo cornu romano. El cornu es un instrumento de viento utilizado por el ejército que originariamente estuvo fabricado con asta de cuerno y más tarde de metal. Según Athenaeus, fue inventado por los etruscos. Es un instrumento grande y de sonoridad poderosa, tiene un pabellón sonoro que se curva formando una especie de “G” mayúscula cruzada por una barra central que sirve para sostenerlo. Probablemente, según las descripciones dadas por los poetas, era similar a la trompa, y una octava más grave que la trompeta. Usualmente los cornicines desfilaban en pareja tocando a dúo, tal y como está aquí representado. El cornu no tenía tapones para ajustar la sonoridad a un modo concreto, con lo que la serie entera de sonidos se podía reproducir sin llaves ni agujeros, sólo por la modificación de la respiración y la presión de los labios en la boquilla. Al fondo de la escena, una bacante muy difuminada parece danzar, mientras sujeta un instrumento de percusión con la mano izquierda que golpea con la derecha. No se distingue si se trata de una pandereta o una sonaja, pero la colocación de manos y el marco que parece tener platillos de entrechoque dan algunas claves. Se trataría de un unimembranófono con un parche, sujeto a un bastidor circular de madera, que suele llevar láminas de metal. La obra llega al Museo del Prado procedente de la Colección Real.

Steve Reich Lecture

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The Mamori Expedition

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A wooden installation replicates the path that artist Els Viaene followed during an expedition through the Brazilian Amazon forest in 2009. With her she took a device to record sounds and a GPS to register her journey. The three wooden arms of the sculpture are filled with water. A headset and a hammer-like stick, the “hydrophone”, allow you to “hear” the water. Once you insert the stick into the water and move along the twists and turns of the sculpture, the sounds Viaene recorded during the expedition are reproduced. “The Mamori Expedition” catapults the viewer into the middle of the Amazon forest and invites the viewer to explore the river and its sounds in a very tactile way.

The Mamori Expedition by Els Viaene.

(via. Sonic Terrain)

Balloon & Noodle – Lee Miyeon – Needle And My Town

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Por definir esto de alguna manera, diría que es una lectura lateral de las grabaciones de campo mezclada con la psicogeografía, la deriva y la hauntología. Procede del recopilatorio de globo y/o aguja Balloon & Needle Compilation.

Can Silence Actually Drive You Crazy?

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Gordon Hempton @ TEDxAmazonia

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Pensar caballo

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Pensar las cosas gracias a tus amigos. Cuando comienza El Caballo de Turín pienso en dos cosas (contiene spoliers). Lo primero la introducción del blog animalista de ElDiario.es, El caballo de Nietzsche, que parte de la misma anécdota que la película en la que el filósofo se abalanza sobre un caballo maltratado para que dejen de golpearlo antes de perder la razón para siempre.

Podemos pensar, como escribió Milan Kundera en La insoportable levedad del ser, que en aquel momento Nietzsche pedía perdón al caballo en nombre de la humanidad, en nombre de Descartes. Queremos pensar que le pidió perdón porque la humanidad, al construir su relación con los animales, eligiera a Descartes frente a, por ejemplo, Pitágoras. Porque se apoyara en Descartes y no en Pitágoras para interpretar el “dominio” que, según el Génesis, Dios otorgó a los humanos sobre los demás animales.

Como aclaraba este texto y como declara esta película, ésta no es solo lo pérdida de la razón de un hombre, sino el final de la civilización basada en la ilustración y la tradición, así como un principio icónico desde el que pensar una política no basada en el racionalismo que nos declara superiores a los animales “por naturaleza”.
Hablando de este blog con un amigo, este me dice que el animalismo es la vanguardia de la política. Me quedo con esto, durante un rato “El animalismo es la vanguardia de la política”, mientras el caballo de Turín avanza durante unos 5 minutos.

Así que según avanza un poco más la película me salta otra referencia, un libro que me habían prestado el día anterior. Esto también me recuerda que, para los que no tenemos un método de estudio, las personas que nos rodean son igual o más importantes que lo que dicen los libros. Sobre esto, sin embargo, volveremos más adelante.
El libro se titula Caliban y la bruja, y aún no he podido leerlo completo, aunque con la versión en PDF ya no hay excusa. En una parte del libro se puede leer lo siguiente:

De este modo, el diferencial de poder entre mujeres y hombres en la sociedad capitalista no podía atribuirse a la irrelevancia del trabajo doméstico para la acumulación capitalista —lo que venía desmentida por las reglas estrictas que gobernaban las vidas de las mujeres— ni a la supervivencia de esquemas culturales atemporales. Por el contrario, debía interpretarse como el efecto de un sistema social de producción que no reconoce la producción y reproducción del trabajo como una actividad socioeconómica y como una fuente de acumulación del capital y, en cambio, la mistifica como un recurso natural o un servicio personal, al tiempo que saca provecho de la condición no-asalariada del trabajo involucrado.

En la película vemos al caballo siendo caballo, durmiendo caballo, tirando del carro como el caballo que esa diferenciación razón/naturaleza le ha impuesto. Luego veremos a la hija sirviendo, vistiéndose con una ropa bien distinta a la del hombre, realizando otras tareas y siendo parte de la naturaleza por la que debe ser dominada. Sólo la hija siente compasión por el animal, se podría decir que su papel es casi el mismo. En algún momento de la película, lo será.
Así el padre corta madera, ella lava la ropa, el caballo tira del carro. Todos ejecutan como pueden su función, mientras pueden, hasta que la civilización desaparece.

Pero este final de la civilización, esta desaparición de todos “ellos” no es, como pudiera parecer, un funeral triste. El ataúd en que se encierra la razón no es ya descerebrado, burlón, transgresor, transfuga, tendencioso. El ataúd que viene a apagar la luz de la ilustración para recordarnos que estábamos equivocados es el espacio para una nueva política, para unos nuevos valores.

Puede que, como nos llevan recordando tanto tiempo, esta crisis (sistémica la llaman) que ha capitalizado y precarizado nuestro tiempo, esté precarizando también nuestros afectos. Nos desintegra, nos desarena, como la ruinas de la ciudad de esta película.

Pero, cuando la última luz se apague, podremos “oír” los cuerpos. ¿Que sucedería si hubiésemos prestado atención a esos sonidos antes de que se apagase el petróleo del quinqué? ¿Que hubiera pasado si no hubiésemos golpeado a nuestro caballo? ¿Que hubiese pasado si no hubiéramos maltratado a nuestras hijas? Aquí la luz no se ha terminado de apagar.

¿Que pasaría si pudiéramos pensar otra manera de hacer las cosas desde lo que suena antes de que llegue el silencio? El silencio, ya se sabe, es el sonido de la represión. Cuando reclamamos silencio, sin saberlo, estamos solicitando la ejecución del poder, del nuestro sobre el de los otros, de la policía, de lo policial que llevamos escrito en la espalda.

¿De que cantidad de sonidos nos podemos hacer cargo?

Vamos a plantear una hipótesis, que se desarrollará en otro lugar, con más espacio y con más tiempo. Pensemos el sonido y el ruido desde un punto de vista material, como vibración si se quiere, medido en decibelios que pueden ser incluso monetarizados. A tantos decibelios, mayor la multa, mayor el precio de la licencia, mayor el precio del altavoz. Vamos a quedarnos con esa relación exigua entre dinero y decibelio.
En este sentido, cada cual, podría poseer, comprar, regalar y hacerse responsable de una “cantidad material” de sonido, una cantidad de vibraciones. No digamos ya de un monto cultural o social, digamos, ahora mismo, sólo material.

Ahora demos la vuelta. Pensemos estas actividades propias de la economía desde el punto de vista sónico, aural, del que escucha. ¿Poseer sonido? ¿Poseer vibración? ¿Derecho de la propiedad de la fuerza vibratoria? Sin extendernos mucho en esto se hace evidente que estas actividades no funcionan correctamente con lo que suena. Uno no puede poseer los db, no digamos ya el sonido y menos aún puede hacerse responsable de todos los sonidos que emite, porque para ello, deberíamos vivir en una cabaña, como la del caballo de Turín. Cada pequeña actividad en nuestro esquema produce toneladas de decibelios. Cada envoltorio de las cajetillas de tabaco, cada tecla del ordenador; todo se manufactura en ruidosas fábricas. En una escala global no dejamos de hacer ruido en ningún momento, ni siquiera cuando dormimos arropados por la calefacción o el aire acondicionado.

Como decíamos arriba, la recomendación se hace a veces tan importante como el método. Ser profesional de esto, tomarse en serio no ser de verdad un profesional. De repente, se hace evidente que no vamos a pensar nada nuevo por la vía oficial.
La resonancia, la expansión de las ondas, más allá de esta monetarización del decibelio que nos permite pensar el sonido de manera policial, cuantificable y “racional”, esa resonancia, nos habla de otro espacio social, en el que no funcionan los tapices, ni las paredes, un espacio que nadie posee, pero del que todos y todas son responsables. En ese espacio es necesario aprender más de los que nos rodean, estar más atentos. En este espacio, tan real como aquel desde el que pensamos la ciudad, lo civilizado, nos habla de una riqueza y una sobreabundancia de sonidos que no se pueden frenar como se frena el paso, como se delimitan las propiedades. El ruido salta los cercados y desde ahí, quizás también podamos comenzar a pensar esto nuestro de otro modo.

¿Como hacer esto? Bueno, en eso consiste andar a tientas.

Good Listening

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The B. B. C. Year-Book 1930

CLUB LE LARRASKITO

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CLUB LE LARRASKITO

AZUNAK
Enrike Hurtado, Bilbao.
Deconstructed Hardcore

A few silence
DOUGLAS BARRETT
Interpretado por KONBO SEKREO

BERTA ESCALAS
Bilbao. Video.

MIQUEL PARERA
Barcelona. Electrónica.

“eine/r, 1-6″
STEFAN THUT,
Interpretado por HÉCTOR REY (violín)

Jueves 28 de agosto – 20:00 h.
Club Le Larraskito, Bilbao
Entrada 5 €

Cartel: MIKEL RUIZ PEJENAUTE